MALHECHORES MOLLINATOS EN TIEMPOS DE JOSÉ MARÍA “EL TEMPRANILLO”

 

Imagen idealizada de dos bandoleros en un grabado del siglo XIX.





 

El doce de octubre de 2010 se acabó de imprimir en Lucena la biografía de José María “El Tempranillo” escrita por el historiador lameato José Antonio Rodríguez Martín. Sus más de quinientas páginas nos ofrecen un recorrido por la época en los que los bandoleros señoreaban nuestras tierras. Lógicamente Mollina aparece varias veces en el libro. De ahí que vayamos a hacer un recorrido por el mismo entresacando aquellos datos que nos sean más cercanos.

 

            

Portada del libro de José Antonio Rodríguez Martín.



La primera vez que aparece Mollina en esa obra tan documentada es en la página 106. Aparecen los dos bandoleros mollinatos de la época de José María “El Tempranillo”, Jauja, c. 1800/1805 – La Alameda, 23 de setiembre de 1833:

El nombre de Juan Villarín es el primero que aparece. Y lo hace como muy posible miembro de la partida de José María “El Tempranillo”. El segundo nombre es el de Francisco de Tapia, alias “Sereto” que formaba parte de la partida de Frasquito “El de la Torre”.

En las páginas 125 y ss. se nos dice que Alonso “Corona”, bandolero, buscó refugio en la Camorra cuando era perseguido por la justicia.

Más adelante, página 127, se nos dice el nombre de un compañero de “Sereto”: Julián Ferrer, que en 1826 ya probó las rejas de la cárcel de Antequera.

En mayo de 1826 fueron detenidos en Mollina cuatro bandoleros por el capitán D. Manuel de Castro. (página 133)

En las páginas 204-205 se nos narra un hecho recogido en el Archivo Histórico Municipal de Antequera, Subdelegación de Policía, Legajo 572, Carpeta de Correspondencia, 1831. Rodríguez Martín nos lo cuenta de esta manera:

“Alguna confabulación con las autoridades debían tener (“Sereto” y Julián Ferrer) por la facilidad que demostraron en enseñorearse de su región. Por un incidente que a continuación se narra, se conoce la facilidad con que “Sereto” circulaba por Mollina, su pueblo natal, sin que las autoridades lo detuviesen, a pesar de estar pregonado por las justicias desde hacía cuatro o cinco años. El hecho ocurrió en la taberna de Mollina de Diego Corredera, al anochecer del 5 de febrero de 1831, cuando “Sereto” –que se hallaba con toda tranquilidad bebiendo vino- hirió con un cuchillo a Francisco Pedrosa y Román Zambrana, ambos vecinos de La Alameda, y a Francisco Farelo, de Mollina. El primero recibió una puñalada en el vientre, y el segundo otra en el mismo sitio y en el hombro, ésta última de mucha gravedad. La riña se inició cuando los alamedanos (sic) inquirieron de “Sereto” el paradero de diecisiete ovejas que les robó la noche del miércoles anterior, propiedad del marqués de Casasaavedra. Cuando los ánimos comenzaban a exaltarse, el tabernero los echó a la calle, por lo que las heridas se produjeron en el sitio llamado de la Cañada (sic). Tras los hechos, “Sereto” huyó y nada de supo del estado en que quedó Farelo.

En noviembre de ese mismo año “Sereto”, “El Manchego” y otro compañero robaron a D. Antonio González del Pino la tarde del día 26, en la casería de Castañeda, cerca de Mollina, dos caballos, una buena porción de trigo, tres cucharas de plata y otros efectos. Cada uno de los ladrones iba armado con dos retacos. Seguramente, estos tres hombres fueron los mismos que, un día antes, robaron el caballo que montaba D. José María González del Pino en el cortijo de la Noria. (Página 210)

El 15 de marzo de 1832 “Sereto” y Ferrer robaron un acabo a Miguel Diego del Pozo en el cortijo de Almazán, en la vega de Antequera. Y un día más tarde, éstos mismos se acercaron al cortijo de Los Olivillos, que labraba Francisco Espinosa, al que le exigieron veinte fanegas de trigo y un cerdo muerto; y ese mismo día mandaron una esquela a D. Diego de los Ríos, hacendado del partido de la Viruenda, demandándole diez mil reales. (Página 224)

El día 18 fue tiroteado en su cortijo del Rincón de Mollina el industrial antequerano Diego Moreno Burgos, del que salió ileso, y el 21, “Sereto” y Ferrer retuvieron durante unas horas en el cortijo del Cambrón a su dueño, Antonio Robledo. (Página 225)

También estos dos robaron el 29 de marzo a pasajeros el camino de Campillos y retuvieron a un pastor para evitar que diera parte de ello. (Página 231, citando el informe del Archivo Histórico Municipal de Antequera,  Subdelegación de Policía, Legajo 572, carpeta del año 1832)

“Sereto” y Ferrer, de nuevo, robaron en el cortijo de Espeazorras los días 9 y 30 de abril; del primero se llevaron cebada y pan, y en el segundo amenazaron al cortijero y le obligaron a cocer una docena de huevos y dos panes. Los mismos, en el ventorrillo de la Fuente de Mollina, el día 27, ejecutaron varios robos y se llevaron el cavado de Francisco Palomino, dejándole otro en su lugar. (Página 232, recogiendo lo expuesto en el Archivo Municipal de Lucena, legajo 227, folio 278)

Los días 6 y 7 de mayo de 1832 “Sereto” y Ferrer enviaron sendas esquelas a propietarios antequeranos. La primera la hicieron llegar al militar retirado D. José Guerrero Gainza, propietario de la Casería Nueva, en el antequerano paraje de la Capellanía, a través de su casero Pedro del Río. Le exigían cuatro mil reales bajo terribles amenazas. Alguno de estos dos bandidos debió de prendarse de la jaca de D. Francisco de Paula Gutiérrez, porque ese era el bien apetecido de los malhechores en la segunda misiva. Ninguno de los dos propietarios accedió al chantaje. (Página 232-233, recogido del Archivo Histórico Municipal de Antequera, Subdelegación de Policía, Legajo 572, Carpeta del año 1832)

En la página siguiente se nos dice que estos dos tipos robaron y golpearon a arrieros en Cuevas Bajas. Y en ese mismo informe del Archivo antequerano se nos dice: “En la mañana de este día, ante mí se presentó Antonio del Pino, morador de Mollina, sirviente de D. Pascual de Sola, manifestando que en la tarde del día de ayer yendo con un caballo de su amo para la casería que labra, partido de Serrato, al llegar a la Huerta de la Campana, le salieron cinco ladrones a caballo, bien armados, de los cuales conoció a Francisco Cereto, quienes le robaron el caballo, dándole en recompensa una jaca pequeña y coja.” (Página 234)

Según recoge el bandido estepeño Juan Caballero en sus memorias (páginas 62 y ss.) “Sereto”, como miembro de la partida de Frasquito “El de la Torre” fue indultado en 1832, aunque tanto éste como Ferrer, tras este indulto, se agregaron a la partida de Juan Caballero. La inactividad delictiva de ambos duraría entre enero y mediados de marzo de 1832. (Página 255)

A raíz de un nuevo indulto sabemos que Julián Ferrer fue destinado a vivir en Mollina. La certificación del fiel de fechos (Archivo Histórico Municipal de Antequera, Orden Público, Legajo 149) reproduce la orden del corregidor de Estepa que dice:

“D. Bartolomé García y Terrón, Abogado de los Reales Consejos, Corregidor, Justicia Mayor por S.M. de esta Villa y pueblos de su partido, etc. Hago saber a V.SS. los Sres. Jueces y Justicias de la Villa de Mollina, a quienes políticamente saludo, cómo en cumplimiento a una Real Orden que con nota de muy reservada, fecha en Madrid a veinte y tres de Junio próximo pasado me ha comunicado el  Exmo. Sr. Gobernador interino del Consejo Real, he destinado a esa Villa a Julián Ferrer, natural de Archidona y vecino de Antequera, hijo de Pedro y de Isabel Toledo, de estado soltero, encargando a V. SS., a nombre de S. M. y obedecimiento de la misma Real Orden que no se le moleste en su persona ni bienes, y que vigile su conducta, dando parte a dicho Exmo. Sr. Gobernador del Consejo a cualesquiera cosa que sobre ello hubiere; y en su consecuencia de parte del Rey N.S. (Dios le Guarde) exhorto y requiero a V. SS. y de la mía le ruego que siéndole presentado este despacho por el mismo interesado lo mande ver y cumplir, y a su virtud admitir en esa villa en los términos indicados al citado Julián Ferrer, sirviéndose V. SS. remitirme el competente aviso de haberse presentado, expresando al mismo tiempo la fecha del cumplimiento de este despacho que en hacerlo así V SS. administrará Justicia, y yo haré lo mismo con los suyos siempre que los vea.

Dado en Estepa a nueve de Julio de mil ochocientos treinta y dos.

Bartolomé García Terrón.

Por mandato del Sr. Corregidor: Cecilio Sánchez.”

El pasaporte es del siguiente tenor:

“Subdelegación Principal de Policía de Sevilla.

Nº 266

Pasaporte para el interior

D. Bartolomé García y Terrón, Corregidor, Justicia Mayor por S. M. de esta Villa y Encargado de su Policía: Concedo libre y seguro pasaporte a Julián Ferrer, natural de Archidona y vecino de Antequera, soltero, para que vía recta pase a Mollina a fijar su residencia en virtud de Real Orden. Donde deberá presentar éste para su refrendación, como también a las autoridades de policía de los pueblos donde pernocte ya sean subdelegados principales o de partido, Jueces encargados, o cualesquiera que fuere su denominación, y encargo en nombre de S.M. que Dios Guarde a las Justicias del Reino y a las autoridades Militares no le pongan impedimento alguno en su viaje sin fundado motivo.

Dado en Estepa a nueve días de Julio de mil ochocientos treinta y dos.

Bartolomé García Terrón.

Cecilio Antonio Sánchez, Secretario.

 

Señas generales del portador:

Edad 32 años, estatura regular, pelo castaño, ojos pardos, nariz pequeña, barba poblada, cara proporcionada, color moreno, señas particulares: hoyoso de viruelas. Firma del portador: no. Valga por dos días previos Gratis por ser pobre. Va sin enmienda. Nº: 5402. Estepa, diez de Julio de 1832. Ha permanecido por enfermo y sale para Mollina mañana.” (Páginas 272-273)

 Una actuación poco ética, pero amparada por la ley acabó con la vida de “Sereto”.  Un escrito del Corregidor de Antequera dirigido al Decano del Consejo Real así nos lo dice (Archivo Histórico Municipal de Antequera, Sección Consejos, Legajos 3911-3912, recogido en las páginas 275 y 276 del libro de Rodríguez Martín):

“Exmo. Sr.

D. Manuel Doñamayor, Corregidor Político de la ciudad de Antequera, con el respeto y humillación que corresponde a la alta dignidad de V.E. dice:

Sería un proceder de infinito el detallar a V.E. y molestar su atención, el referir los muchos crímenes y delitos del Capitán de Bandidos Francisco de Tapia (a) Sereto, vecino de Mollina, y Julián Ferrer, de esta ciudad, los que por lo general se paseaban solos en esta Vega, cometiendo asesinatos, robos, exacciones, rehenes, pedidos de dinero con esquelas, amenazando con muerte, incendios y matanza de ganados, como lo han verificado en las Haciendas de Mancha, Pozo Ancho, La Torca y otros; y cuando necesitaban de ayudas para imponer, solían juntarse con los Capitanes de Salteadores que comandaban partidas, a saber Juan Caballero, José María Hinojosa (a) Tempranillo, el Chato de Benamejí, los que fueron indultados, que se ignora su Capitán, el segundo supuesto José María; por manera que causaban un terror espantoso, y se verificó dejar muertos seis infelices cazadores de la Población de la Alameda, de los cuales dos apelaron por fingirse del todo cadáveres, y haber desarmado los dos solos a diez y seis aficionados a la escopeta que habían ido a tirar patos a la Laguna de Herrera, distante de esta ciudad como una legua.

Y habiéndoseme presentado Isabel de los Ríos, vecina de esta dicha ciudad, en solicitud de espera de unas costas de su consorte Francisco Ruiz, y teniendo noticias que José Ruiz, su cuñado, estaba fugitivo por Causa Criminal que se seguía por heridas a María García y Felipe García y que el Sereto y Julián le instaban a la reunión con ellos por su valor, aproveché esta ocasión y fundado en la Real Orden de 31 de Marzo, la pinté con los más vivos colores que su hermano político quedaría libre de este crimen. Tuve con ella y su padre político, Pedro Ruiz, conferencias secretas varias veces; y habiéndose ausentado el Capitán de Voluntarios Realistas, D. Diego Muñoz, a cubrir los caminos de la Feria de ronda, que se celebra el 20 de Mayo, el que comanda Tropa de Caballería de Lanceros, Infantería de Línea y Voluntarios Realistas, compuesta de setenta hombres en persecución en esta, y sabedores sin duda los forajidos de esta ocurrencia, con osadía se presentaban muy cerca de esta ciudad, haciendo sus correrías y robos.

                Convencidos los Ruices, salieron los tres hermanos a la persecución con un seguro mío de doce días, por si los encontraba alguna partida, pero el 25 del pasado mayo en la noche prendieron muerto a Tapia (a) Sereto, hiriendo gravemente al Ferrer, el que por la oscuridad de la noche se ocultó en los sembrados. El resultado ha sido, Sr. Exmo, de una acción de elogio y que deben ser premiados los Ruices, agregándose que estos malvados o sus compañeros promulgaban voces alarmantes y subversivas, de las cuales quede tal vez resultas, debiendo advertir a V.E. que desde la muerte de Sereto se han alejado los forajidos y las esquelas de pedidos han calmado.

                Todo lo que pongo en la consideración de V.E. , y no lo he hecho antes porque habiendo dado cuenta al Capitán General de este Reyno, al Sudelegado Provincial de Policía de Málaga, al Regente de Granada, Gobernador de las Salas de Crimen e igualmente al Exmo. Sr. Secretario del Despacho de Gracia y Justicia, me parecía haber llenado mi deber; pero en lo sucesivo aún del más mínimo daré cuenta a V.E.

                Dios guarde a V.E. muchos años. Antequera, 13 de Junio de 1832.

                Manuel Doñamayor”

 

 

Estos hermanos Ruices, José, Francisco y Juan Ruiz Osuna, tras matar a “Sereto” se quedaron con los doce mil reales y otras alhajas que tanto el mollinato como Ferrer llevaban. Nadie sospechaba que todo había sido planeado y llevado a efecto bajo el trato con el Corregidor antequerano. Tras estos hechos los Ruices siguieron con sus fechorías en la comarca.

 

 


Retrato de José María "El Tempranillo", obra de John Frederick Lewis.



De Juan Villarín también se nos da noticias en el libro. En la página 301 se recoge este documento del Archivo Histórico de Antequera:

                “que de dichos ladrones había conocido a uno llamado Mora, y que el que hacía de Comandante lo nombraban Pedro, y que era de Loxa, y otro que llamaban el Manchego, de los indultados de la partida de José María y a un Juan Villarín natural de Mollina que se avecindó en esta y vive en el Zacatín de esta ciudad, en la última casa a mano siniestra”

En la página 318 se nos indica que, una vez indultado José María “El Tempranillo” Villarín y otros siguieron con su vida de malhechores cometiendo sus fechorías. El lugar de escondite solía ser la Camorra, desde donde, de noche, bajaban a La Alameda. (Página 321) En la página siguiente se nos dice que fue Juan Villarín el que asesinó al alguacil del Humilladero en las cercanías del cortijo de Espeazorras y que perteneció a la partida de “El Chato”.

En la página 330, al dar noticias sobre bandidos de 1834 se nos da los nombres de Palomo (a) “Palomino” o “Calzones” y Juan Villarín, ambos de Mollina.

Villarín, cuando formaba parte de la cuadrilla de Juan de Mora, en compañía de Pedro “El de Loja” y diez hombres más de la partida, atracó a varios arrieros en las proximidades del cortijo de Los Prados, al que se acercaron posteriormente, amenazando al casero. Allí permanecieron más de ocho horas “comiéndose un pavo, varias aves, el pan y el tocino de los sirvientes y tirando la cebada que les pareció, después de haber dado a los caballos cuanta quisieron”. (Página 333)

No debía ser extraño en esa época el cambio de un caballo en mal estado por otro mejor: En esa misma página se nos dice que en el cortijo de la Morezuela de Eslava, término de Mollina, se presentaron nueve bandoleros que robaron el caballo que llevaba Francisco González Castillo, dejándole en su lugar una jaca endeble y retirándose después de haberlo apaleado.



En la página 341 nos narra la muerte de Juan Villarín: 

“El 25 de junio (de 1834) se produjo un hecho singular, que demuestra la magnitud del problema (del bandolerismo en la comarca) y al mismo tiempo la incapacidad y la escasez de fuerzas represoras del bandolerismo; se organizó por los pueblos de La Alameda, El Humilladero, Fuente Piedra y Mollina una batida conjunta para expulsar a los malhechores de esa zona. Los del Humilladero avistaron a los bandidos en el cortijo de Cabrera y salieron a su busca, pero en la Cañada de los Alcachofares, viendo los ladrones la poca fuera que les perseguía, dieron la vuelta y se enfrentaron a sus perseguidores, con el resultado de la incautación de ocho escopetas de los vecinos y la muerte, a manos de Villarín, del alguacil Juan Galindo. (Archivo Histórico Municipal de Antequera, Correspondencia con la Subdelegación General de Fomento de esta provincia. Año 1834, mayo y junio.)

La intensa búsqueda a la que se sometió a Juan Villarín, tras este suceso, culminó cuando fue abatido en la Camorra por los disparos del comandante del 4º de Ligeros, Nicolás de Rute, si bien lograron escapar tres de sus compañeros que huyeron a pie. (Archivo Histórico Municipal de Antequera, Carpeta: Muerte del famoso ladrón llamado Juan Villarín, 1834.

 

En la página 342 se nos dice que Juan Villarín llegó a formar parte de la partida de Francisco Pedrosa“El Chato de Benamejí”, y en la 344 se nos dice cómo este bandolero acuciado por la persecución por el cabildo de Antequera y por la muerte de Villarín, su principal compañero, había desarrollado una especial animadversión hacia los antequeranos. (Archivo Histórico Municipal de Antequera. Libro capitular de 1834. Acta del 2 de setiembre)

 

 

Fotografía de José Antonio Rodríguez Martín en la que se recoge el Cortijo de Buenavista, término de Mollina, donde fue herido de muerte José María "El Tempranillo".


 Fotografía de José Antonio Rodríguez Martín en la que se ve la ventana desde donde, según la tradición oral, se disparó a José María "El Tempranillo". Cortijo de Buenavista. Término de Mollina. 

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