LA PEÑA PENIBÉTICA DE GRANADA PASA POR MOLLINA. 1930
A nadie le extraña hoy ver cómo miles de vehículos pasan por la A-92 cerca de Mollina yendo de Sevilla a Granada o Málaga o viceversa. En los años treinta del pasado siglo no era así. Y más si el recorrido se hacía a pie.
La Peña Penibética de Granada organizó una gira entre Granada y Sevilla. En su tercera etapa pasaron por Mollina.
Vamos a reproducir lo que El Defensor de Granada en sus ediciones de mañana y tarde del miércoles 22 de enero de 1930 decía en su página dos:
La excursión del Club
Peníbético
De Granada a Sevilla a pie
II
A la mañana siguiente, ya repuestas nuestras
fuerzas, emprendimos la segunda etapa, después de manifestar al jefe de Policía
comunicara al alcalde la gratitud del Club Penibético y la muestra muy
afectuosa hacía el Ayuntamiento de la localidad, que generosamente pagó todos
los gastos que nuestra estancia en Loja había ocasionado.
Pasados los bellos parajes de Riofrío, la
carretera empeoró de una manera definitiva, hasta el extremo de hacerse
penosísima nuestra marcha, Pasamos de largo por Salinas y a los pocos
kilómetros y junto a una lindísima laguna hicimos parada a fin de comer.
Seguimos la caminata y
a las 4,30 llegábamos a Archidona, recibiéndonos en la Casa Consistorial el
secretario del Ayuntamiento, que nos obsequió con café, dulces y cigarros,
controló nuestras libretas y a las 5,30 emprendimos la etapa final de la
jornada hacia Antequera, por una carretera magnifica, con la vista puesta en la
célebre Peña de los Enamorados, detrás de la cual se asienta la ciudad. Mucho
agradecimos, no sólo las atenciones del
señor secretario, sino la de los jóvenes de la localidad Joaquín Checa, José
Luís Checa; Leandro Luque, Francisco. S. Almohaya (sic) y Emilio Salcedo,
corresponsal de «La Unión Mercantil» de Málaga, que nos acompañaron un buen
trecho carretera adelante.
A las 21,25 entramos en Antequera, en cuyas
puertas un guardia urbano nos acompañó al local de la Unión Patriótica. Allí
llevamos la agradable sorpresa de encontrar a los excursionistas malagueños.
Después de cambiar entusiásticos hurras por Málaga, Antequera y Granada, a los qué contestaron con verdadero entusiasmo
los socios allí congregados y de abrazarnos como si nos conociésemos de toda la
vida, nos enteramos de que ellos también se dirigían a Sevilla y acordamos
realizar el resto del viaje juntos. Este acto tan cordial, en el que unos
muchachos alocados y optimistas se abrazaban, representó como un abrazo
fraternal entre las dos provincias hermanas de Málaga y Granada.
Amablemente invitados por
la Corporación municipal de Antequera, pasamos al hotel, donde se nos sirvió
espléndida cena y en donde el señor secretario me entregó unos portfolios que,
por iniciativa del Ayuntamiento local, se han editado como propaganda
turística.
Al hojearlos leí las
cariñosas dedicatorias que el excelentísimo Ayuntamiento ofrecía al Club
Penibético.
Antes de pasar
adelante, quiero, desde las columnas de este diario, manifestar la gratitud del
Club y de nosotros, que debe ser la gratitud de Granada entera, para una
población que tan alta prueba nos dió de cariño y fraternidad al acogernos de
la manera que lo hizo, costeando nuestra estancia y, lo que vale más, las
manifestaciones alentadoras de entusiasmo, que bien valieron las fatigas de
nuestra penosa marcha; La mejor prueba de agradecimiento que Granada puede
ofrendarle es la de iniciar una corriente de turismo hacia la hermosa ciudad y
su Torcal, que de tal forma sabe acoger al forastero.
A la mañana siguiente
y ya unidos a los malagueños, comenzamos nuestra tercera etapa, que para ellos
era la segunda, dirección a Estepa. Salimos a las nueve, llegando a Mollina a
las doce; el alcalde nos obsequia a cerveza, controla nuestras libretas; y a
las trece salimos de allí para llegar a Fuente Piedra a las 14,30. Allí almorzamos
con nuestros propios medios. El comandante del puesto de la Guardia civil se
encargó del controlaje, y a las 16,40 reanudamos nuestra interrumpida marcha
para llegar a la Roda de Andalucía a las 18,45.
Capítulo aparte merece
nuestra estancia en este pueblo, en el que sólo pensábamos estar unos minutos,
sin contar con que allí hay un alcalde capaz de hacernos olvidar que vamos a
Sevilla y que nos retiene agradablemente hasta las diez de la noche. Nos llevó
al Casino, donde se hizo un verdadero derrocho dé vino y embutidos.
El alcalde, don José
Prieto Díaz, es el hombre más simpático del mundo. Aunque hubiésemos ignorado
el nombre del pueblo, hubiéramos comprendido que estamos en la provincia de
Sevilla. El señor Prieto se quedó ronco de dar vivas a Granada y a la Virgen de
las Angustias; nos animó de tal forma que cada cual tuvo que hacer lo que
sabía; el uno cantaba un tango, el otro bailaba un charlestón, el otro imitaba
a Ramper y el señor Prieto, por no ser menos y al grito que alguno de nosotros
lanzó vitoreando a la tierra de María Santísima, se subió en la mesa y bailó
unas sevillanas a pesar de sus 60 años y de su autoridad. Nos presentó a las
señoritas María y Socorro del Pozo Luque. Eran las primeras mujeres sevillanas
que veíamos y nos parecieron como un anticipo de la Macarena.
Mucho trabajo nos costó disuadir al alcalde de
sus deseos de que pernoctáramos allí, y cuando lo conseguimos pudimos
alejarnos, entristecidos de abandonar la compañía del señor Prieto, que nos
supo colmar de atenciones hasta la saciedad, pues no se quedó tranquilo hasta
que no víó cómo por su orden y por lo avanzado de la hora nos escoltaba un
camión, que fué detrás de nosotros iluminando con los faros la carretera hasta
Estepa.
A pesar de lo avanzado
de la hora nos esperaba el alcalde, que nos proporcionó alojamiento, retirándonos
a descansar con el imborrable recuerdo
de La Roda y su alcalde.
JULIO BELZA



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